Trabajar durante varias horas frente a una computadora puede convertirse en una actividad bastante solitaria. Aunque la tecnología permite realizar prácticamente cualquier tarea desde casa, eso no significa que siempre sea fácil mantener la concentración y la motivación trabajando completamente solo.
Compartir el espacio con otras personas puede cambiar considerablemente la experiencia. Una conversación, una idea, una palabra de ánimo o simplemente saber que hay otras personas trabajando alrededor puede ayudar a mantener el ritmo.
Por eso no resulta extraño que los espacios compartidos de trabajo hayan adquirido tanta popularidad en los últimos años.
La compañía puede cambiar el ambiente
El entorno en el que trabajamos influye en nuestra manera de afrontar una jornada.
Estar rodeado de personas que también están concentradas en sus proyectos puede crear una sensación de actividad y movimiento. No es necesario conversar constantemente; simplemente compartir un espacio profesional puede hacer que el trabajo se sienta menos aislado.
En un coworking, por ejemplo, cada persona puede estar trabajando en algo completamente diferente y, aun así, existir una sensación de comunidad.
Tener una rutina ayuda a comenzar
Uno de los problemas del trabajo desde casa es que puede resultar complicado establecer una separación clara entre la vida personal y profesional.
Trabajar acompañado puede favorecer una rutina más definida. Prepararse, desplazarse hasta un lugar de trabajo y encontrarse con otras personas crea una estructura que facilita comenzar la jornada.
El simple hecho de saber que otras personas estarán allí puede convertirse en un pequeño incentivo para no posponer el inicio de las actividades.
La motivación puede ser contagiosa
Las personas no trabajan completamente aisladas de su entorno. Las relaciones sociales pueden influir en la motivación, la persistencia y la productividad.
Cuando observamos a alguien concentrado en un proyecto, terminando una tarea o avanzando hacia un objetivo, puede aparecer una sensación similar de impulso.
No necesariamente se trata de competir. A veces basta con comprobar que otras personas también están esforzándose para recuperar nuestras propias ganas de avanzar.
Compartir objetivos puede ayudar
Trabajar acompañado resulta especialmente interesante cuando existen objetivos compartidos.
Un equipo que sabe exactamente qué necesita conseguir puede distribuir responsabilidades, establecer pequeños avances y comprobar periódicamente cómo progresa el proyecto.
Esta sensación de avanzar juntos puede ser más estimulante que trabajar completamente solo sin ningún punto de referencia.
Las pequeñas conversaciones también cuentan
No todo tiene que estar relacionado directamente con el trabajo.
Una conversación breve durante un descanso puede ayudar a despejar la mente después de varias horas de concentración. Hablar sobre una idea, comentar un problema o simplemente tomar un café con otra persona puede proporcionar una pausa necesaria.
Después de unos minutos de desconexión, regresar a la tarea puede resultar mucho más sencillo.
Recibir apoyo cuando aparece un problema
Hay momentos en los que una tarea se vuelve complicada y trabajar solo puede hacer que el problema parezca todavía mayor.
Tener cerca a alguien que pueda escuchar el planteamiento, aportar una opinión o sugerir una alternativa puede ayudar a encontrar una solución.
La investigación sobre apoyo interpersonal señala que el respaldo de otras personas está relacionado con mejores resultados de motivación y bienestar, aunque sus efectos dependen del contexto.
Sentirse parte de una comunidad
La sensación de pertenencia también puede tener un papel importante.
Cuando una persona siente que forma parte de una comunidad, el trabajo puede dejar de percibirse como una actividad completamente individual. Existe un espacio compartido, personas con las que coincidir y oportunidades para establecer relaciones profesionales.
Esto puede ser especialmente valioso para freelancers y trabajadores remotos que pasan buena parte de su jornada sin compañeros físicamente presentes.
Compartir conocimientos
Trabajar cerca de profesionales de diferentes áreas puede generar oportunidades para aprender.
Un diseñador puede descubrir una herramienta gracias a un programador, un emprendedor puede recibir una recomendación de alguien con experiencia en ventas o un profesional independiente puede encontrar una nueva manera de organizar su trabajo.
Muchas veces estas oportunidades surgen de conversaciones informales que difícilmente ocurrirían trabajando completamente aislado.
Un poco de responsabilidad puede ayudar
Cuando sabemos que otras personas están avanzando en sus propios proyectos, puede aparecer una sensación positiva de responsabilidad.
Por ejemplo, si hemos establecido con un compañero que terminaremos determinada tarea antes de la tarde, existe un pequeño compromiso externo que puede ayudarnos a mantener el ritmo.
Esta responsabilidad compartida no necesita convertirse en presión. Utilizada correctamente, puede funcionar como un recordatorio para avanzar.
Celebrar los avances resulta más agradable
Terminar un proyecto, conseguir un cliente, entregar una presentación o alcanzar un objetivo profesional son momentos que se disfrutan más cuando podemos compartirlos.
Incluso pequeños logros pueden convertirse en motivos para celebrar dentro de un equipo o una comunidad profesional.
Reconocer los avances ayuda a mantener presente que el esfuerzo está produciendo resultados.
Trabajar acompañado no significa estar conversando todo el día
Existe una diferencia importante entre trabajar acompañado y estar constantemente socializando.
Un buen espacio de trabajo debe permitir concentración y convivencia al mismo tiempo. Las conversaciones pueden reservarse para determinados momentos, mientras que durante los periodos de trabajo cada persona mantiene su atención en sus propias actividades.
De esta manera se obtiene lo mejor de ambos mundos: compañía sin perder productividad.
También hay que elegir bien a los compañeros
La compañía no siempre aumenta la motivación.
Un ambiente lleno de interrupciones, conversaciones constantes o conflictos puede producir exactamente el efecto contrario. La investigación sobre relaciones laborales muestra que tanto el apoyo como las interacciones negativas con compañeros pueden influir en las experiencias y resultados laborales.
Por eso es importante rodearse de personas respetuosas y elegir un entorno que permita establecer límites entre convivencia y concentración.
El coworking como punto de encuentro
Los espacios de coworking han aprovechado precisamente esta necesidad de combinar independencia y compañía.
Cada profesional puede trabajar en sus propios proyectos, pero al mismo tiempo tiene acceso a áreas comunes, salas de reuniones y una comunidad profesional.
El objetivo no es obligar a las personas a trabajar juntas, sino crear un entorno donde la colaboración y las relaciones puedan surgir de manera natural.
Trabajar acompañado puede aumentar la motivación porque introduce elementos que muchas veces desaparecen cuando trabajamos completamente solos: interacción social, apoyo, sentido de pertenencia, intercambio de ideas y pequeños estímulos para mantener el ritmo.
No significa que todas las personas necesiten trabajar en equipo constantemente. Algunas tareas requieren concentración y silencio. Sin embargo, contar con un entorno social adecuado puede hacer que la jornada sea más dinámica y agradable.
Quizá por eso los espacios de trabajo compartido tienen tanto éxito: permiten conservar la independencia de trabajar en un proyecto propio mientras se disfruta de algo que el home office no siempre puede ofrecer, la sensación de no estar trabajando completamente solo.
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